Cuando en la tabla de precios pone «10 clientes en cartera», hay dos formas de leerlo. Una es «me dan diez cuentas para repartir». La otra es «puedo llevar la contabilidad de diez clientes». Es la segunda, y la diferencia no es de matiz: cambia quién trabaja, quién entra y quién paga qué.
Lo primero: tu despacho tiene Factuza entero
Esto se infravalora al mirar la tabla, así que lo decimos antes que nada. Con la licencia de gestoría tu despacho factura lo suyo como cualquier otro cliente: presupuestos, facturas, gastos con lectura de tickets, series de facturación, facturas recurrentes y tus propios modelos de impuestos. La cartera va encima de eso, no en su lugar.
Dicho de otro modo: no estás comprando una herramienta para otros y quedándote fuera. Estás comprando Factuza, y además la capacidad de llevar a N clientes dentro.
Qué es un «cliente en cartera»
Un obligado tributario cuya contabilidad llevas tú. Te manda lo que le llega —sus facturas emitidas, sus tickets, sus gastos—, tú lo metes, y Factuza calcula lo suyo por separado: su trimestre, sus modelos, su cadena de facturas con su NIF y su numeración.
Al elegir «Trabajar con este», toda la aplicación pasa a ser la de ese cliente: emites en su nombre, subes sus gastos, sacas sus impuestos. Cuando terminas, cambias al siguiente. No hay que salir ni entrar con otra contraseña.
Darlos de alta: se pega la lista
Nadie va a teclear veinte clientes en un formulario cuando los tiene en una hoja de cálculo. Se pegan, con cuatro columnas: NIF, nombre o razón social, domicilio fiscal y F o J —autónomo o sociedad—.
Las dos últimas columnas no son burocracia nuestra. El domicilio del emisor va impreso en cada factura y lo exige el artículo 6 del RD 1619/2012: el cliente que entre sin él emitirá facturas incompletas, así que la pantalla te dice cuántos vienen sin domicilio antes de crear nada. Y la F o la J deciden si tributa por IRPF o por Impuesto de Sociedades — meter una SL como persona física la deja con el modelo 130, que no le toca.
Tus clientes no entran, y es a propósito
Un cliente de cartera no tiene acceso. No es que se nos haya olvidado: es lo que hace que el paquete sea barato y que el trabajo sea tuyo. Tú tienes la herramienta, ellos te mandan los papeles, y lo que ven es lo que tú les mandas.
Y hay una razón de fondo que va más allá del precio. Todos los clientes de una gestoría están dentro de la misma cuenta; darles entrada tal cual les enseñaría la cartera entera, o sea los datos de los demás clientes del despacho — que muy a menudo son sus competidores. Antes que abrir esa puerta a medias, preferimos no abrirla.
¿Y si un cliente quiere entrar él?
Entonces contrata su propia licencia de autónomo, aparte de tu paquete. Y no lo pierdes: se queda en tu cartera, con el trabajo que tengas dentro, y le sigues llevando los impuestos igual con el rol que él decida —desde solo consulta hasta emitir en su nombre—. No hay que invitar a nadie ni volver a darlo de alta: al contratar, su cuenta recoge el emisor que ya estaba en tu cartera y la relación de trabajo sigue viva.
Y no tiene por qué contratarla él. Puedes contratársela tú, con un 30 % de descuento sobre la tarifa: 8,40 € al mes en vez de 12 €. Le cobras lo que decidas y la diferencia es tuya entera. Es lo mismo que ya haces con el resto de sus cosas, y así el cliente no tiene que darse de alta en ningún sitio ni poner una tarjeta. Lo tienes explicado en la página de gestorías.
Lo que cambia es quién manda. Mientras solo está en tu cartera, lo llevas entero. Desde que tiene cuenta propia el mando es suyo: elige tu permiso en sus ajustes, lo puede recortar y puede dar la relación por terminada. En tu panel lo verás como «Cuenta propia», con el permiso que te haya dejado.
De paso, ese cliente deja un hueco libre en tu cupo para otro. Tu paquete es capacidad de trabajo: cuando alguien empieza a trabajar por su cuenta, esa capacidad vuelve a estar disponible.
Un NIF, una cadena
Conviene saberlo antes de que pase. Un NIF solo puede estar dado de alta como emisor una vez: su cadena de huellas VERI*FACTU es una sola y no admite dos dueños. Lo que hay es un emisor con un dueño, no dos copias.
Eso no impide que esté en tu cartera y tenga cuenta propia a la vez: son dos cosas distintas. El dueño es quien manda sobre el emisor —uno solo—, y la cartera es la relación de trabajo, que sigue viva encima. Lo único que no puede pasar es que el mismo NIF se dé de alta dos veces por su cuenta.
Cuando uno de tu cartera da el salto, su emisor cambia de dueño —pasa a ser suyo— con sus facturas y su cadena detrás. Eso ocurre solo, en el momento en que contrata: no hay que escribirnos ni esperar a nadie. Lo que no cambia es el trabajo: sigue en tu cartera y sigues entrando, ahora con el permiso que él te dé.
El caso que sí hay que resolver a mano es el otro: un NIF que ya es emisor en la cartera de otra asesoría, sin relación contigo. Ahí el alta se para en seco a propósito, porque mover un obligado tributario de una cartera a otra obliga a decidir antes qué pasa con su histórico y su cadena de huellas. Nos escribes y lo resolvemos. Preferimos decirlo escrito a que se descubra el día que pase.
Resumiendo
- Tu despacho: Factuza completo, como cualquier otro cliente.
- Tu cartera: N clientes cuya contabilidad llevas tú, cada uno con su NIF, su numeración y sus impuestos.
- Ellos: no necesitan cuenta ni la tienen. Te mandan los papeles.
- El que quiera la suya: licencia de autónomo aparte. Se queda en tu cartera y le sigues llevando la contabilidad, con el permiso que él te conceda.
- Lo que les cobres por llevarles la contabilidad lo decides tú. Nosotros no fijamos tu precio de venta.
Factuza sale el 1 de septiembre de 2026. Si llevas una cartera y quieres ver cómo encaja con la tuya, escríbenos y lo miramos juntos.